Focaccia con albahaca y tomates secos

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Ya estamos a sábado, hoy cambian la hora, en unos pocos días empieza otro mes, estamos en plena temporada de calabazas (y aún no he subido ninguna receta con calabaza), todo el mundo está halloweenesco total… ¡qué rápido se pasa el tiempo!

En fin, esta semana dedicada al pan finaliza hoy con una última receta, os presento otro pan plano al que le podemos añadir cualquier cosa que nos guste o tengamos a mano en casa.

Un pelín elaborado, pero tan rico que merece la pena echar el rato en la cocina, ese reducto de mi casa donde todo pasa a un segundo plano y soy más feliz =)

Ingredientes:

  • 500gr. Harina panificable ecológica
  • 330gr. Agua
  • 25gr. Aceite de oliva virgen extra
  • 3gr. Levadura seca
  • 1 cucharadita de sal marina orgánica de Guérande
  • 80gr. Tomates secos hidratados
  • 1 manojo de albahaca fresca
  • Sal gruesa para decorar

Los pasos son muy similares a los de los últimos panes con amasado a mano que os he ido enseñando estos días, así que, si os surge alguna duda, podéis revisar también esas recetas.

En un bol, mezclamos la harina con el agua y dejamos la media hora de rigor de autolisis.

Mientras pasa el ratito, vamos apartando las hojillas de albahaca fresca (con la seca nunca sabe igual, así que lo mejor es tener un par de macetas en la cocina con nuestras hierbas favoritas) y cortando los tomates secos, que ya tendremos hidratados de antemano (para hidratar los tomates sólo tenemos que ponerlos en agua mineral una hora antes de empezar la receta, luego sólo nos queda secarlos bien con un paño y ya los tenemos listos para usar -o conservar en aceite-), en trozos grandecitos para encontrarnos unos buenos tropezones en nuestra jugosa focaccia.

Pasada la autolisis, unimos levadura, sal y aceite, y empezamos a amasar dentro del bol para que se integren bien en la masa y no salgan disparadas cuando amasemos en la encimera.

Volcamos la masa, y como va a estar pringosísima y os será difícil manejarla en un principio, volvemos a echar mano del amasado francés o de nuestra querida Bea (que, imagino, os lo debéis saber ya de memoria), para que vaya cogiendo textura y elasticidad y no se nos pegue a todo lo pegable.
Amasamos en dos tandas, primero 5 minutillos -y dejamos la masa reposar otros 5 minutos, y después, según vayamos viendo, le damos otra paliza entre 5 y 10 minutos.
Si veis que mientras le dais al amasado francés la masa pierde pegajosismo y elasticidad, cambiáis el tipo de amasado y amasáis de manera normal (en mi caso, con el amasado duro que me enseñó Rocío en el primer curso de pan casero que hice).

Es el momento de hacer la “técnica del sándwich” para incluir los tropezones, así que ya sabéis: aplanamos la masa, echamos los tomates y la albahaca (aunque dejamos un poquito de cada aparte para coronar nuestra focaccia antes de hornear), cortamos en dos, hacemos un sándwich, aplanamos, volvemos a cortar y hacemos otro sándwich. Boleamos un poquito y a un recipiente cubierto a reposar hasta que doble el volumen (según el clima que haga, el levado será más o menos largo).

Cuando tengamos la masa el doble de grande que cuando la metimos en el bol, volcamos, desgasificamos en la encimera y la colocamos sobre una bandeja grandecita (que nos quepa en el horno, claro), ahí, colocamos sobre nuestra masa los tropezones que reservamos antes, echamos un buen chorro de aceite y comenzamos a meter los dedos en la masa para que el aceite penetre, la masa llegue a todos los rincones de la bandeja -que tiene que quedar cubierta- y los trozos se peguen bien.

Dejamos entonces reposar una hora (o hasta que veamos que ha vuelto a levar lo suficiente como para hornearla), precalentamos el horno a 250º y recogemos todos los trastos que hayamos dejado por la cocina.

Con la masa lista, sólo nos queda espolvorear con sal gorda y meter al horno, iremos bajando la temperatura (de 250º a 230º y a 200º) para que no se nos socarre la superficie (si vemos que pasa eso, siempre podemos echar mano del papel de aluminio -aunque odie utilizarlo- y cubrir nuestra focaccia para que no se queme).

En una media hora, o cuando veamos que se ha dorado la superficie, estará lista, así que sólo nos queda sacar, depositar en rejilla y dejar enfriar. Se puede comer templadita, aunque lo mejor es esperar a que se enfríe del todo y darle luego un golpe de horno o tostador si nos gusta caliente =)

Pd. El libro me lo trajo una amiga italiana de su pueblo, ¡es una preciosidad y tiene unas recetas estupendas!

One thought on “Focaccia con albahaca y tomates secos

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