Recetas griegas: Melitzanosalata

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¡Καλημέρα*, amantes del buen comer y el cocinar! =)

Como buena manchega (del sur) que soy, desaparezco y vuelvo a aparecer como los Ojos del Guadiana…

De nuevo por aquí, no sé si para mucho o para poco, vengo con un pequeño ramillete de recetas y posts pensados para las próximas semanas, así que aprovecho el tironcillo y me lío con la faena sin pensar (ya que lo único que sí tengo seguro es que el blog se queda perenne para que podáis seguir buscando y preparando las recetas que he ido publicando).

Yo aún sigo cocinando “bonito” muy de vez en cuando, aunque a día de hoy (y por suerte) no dispongo de tanto tiempo como para dedicarme a emplatar, hacer fotos, editarlas, escribir recetas y publicarlas, aunque algunos aún se piensen que las gentes que se/nos dedican/dedicamos a llevar un blog sólo tenemos que sentarnos delante del pc a escribir cualquier cosa en cinco minutos y listo, ya que los post -con todo su aderezo- nos salen como churros y así podemos publicar hasta cuatrocientas veces al mes… pero no: llevar un blog de cocina está muy bien, es muy chulo, muy gratificante cuando hay feedback con tus lectores, pero también quita tiempo, no siempre te apetece publicar y muchas veces -después de pasarte toda la mañana con la fabada en el fuego- no tienes ninguna intención de sacar los apechusques cacharreros, cuberteros y textiles, buscar la ventana por la que entra mejor luz, preparar la cámara, el trípode y la banqueta, y decirle a tu familia que se espere 20 minutos a que acabes la sesión mientras las fabes se quedan más frías que la calle.

En fin que, para variar, me enredo y aquí hemos venido a hablar de cosas ricas de comer.

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Melitzanosalata, picos de pan griego con tomate y especias, aceitunas kalamata y una Fix Hellas… ¿quién puede resistirse?

Hace unos meses, que ya casi que parecen años -¡qué rápido pasa el tiempo!)-, estuvimos de viaje por Atenas (ya os iré contando en próximos capítulos sitios chulos donde comer bueno, bonito y barato en la capital helena, para despertar vuestro gusanillo viajero y que os busquéis vuelos para allá a no mucho tardar) y vinimos más enamorados si cabe de su estupenda gastronomía. Así que, como no pude llevarme a toda la familia en la maleta para que disfrutasen del viaje, y aprovechando que Lidl me leyó el pensamiento y me dio en el gusto con la semana griega, preparé una pequeña cena temática con algunas recetas sencillas y resultonas.

Hoy os dejo por aquí una de ellas: la melitzanosalata (ensalada de berenjena asada), fresquita y sabrosa, perfecta para los calores veraniegos que ya nos atizan en la coronilla a los de la meseta sur, complicación mínima, lista de ingredientes ajustadísima y un acierto preparar en cantidad (tampoco hagáis para medio vecindario) y guardarla en la nevera, para esas noches vagas en las que uno se apaña con lo que pilla (más sano que esto ¡imposible!)

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Ingredientes:
1 berenjena grande
½ limón
aceite de oliva virgen extra
pimienta negra
perejil
sal marina
*ajo (opcional)

Antes de nada, como veis, el ajo lo pongo con asterisco y opcional… Creo que ya lo he comentado alguna vez: yo no puedo comer ajo ni cebolla crudos, así que prescindo de ellos en mis recetas por el bien de mi estómago. Obviamente las recetas con ambos están el doble de buenas, así que el que pueda comerlos que los añada =D

Comenzamos precalentando el horno a unos 200º, mientras, lavamos la berenjena, la pinchamos por varios sitios y, dos opciones tenemos: asarla tal cual en la bandeja del horno -ponedla encima de un papel parafinado, que suelta líquido- o reliarla en papel de aluminio y al horno. Yo la he hecho de las dos formas y se asa muy bien con ambas opciones, a vuestro gusto. (Lo suyo es hacerla a las brasas para que le quede ese regusto ahumado tan rico, pero con la vitro no se consiguen esas cosas y no es cuestión de echar una lumbre en el suelo de la cocina…)

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Una vez asada (yo me guío por el método “meto un tenedor y aplasto la berenjena, si se hunde: está hecha, si me cuesta: la dejo más tiempo”) y cuando esté templadita o fría, la pelamos, la ponemos en un bol y cortamos en trocitos pequeños , agregamos el zumo de medio limón, salpimentamos al gusto, le metemos un buen golpe de perejil (mejor si es fresco) y regamos sin miedo con un buen aceite de oliva virgen extra. Mezclamos bien y al frigorífico una horilla por lo menos.

Sacamos diez o quince minutos antes de servir, para que se atempere, volvemos a echarle un chorrito de aceite de oliva y cortamos unos tomatitos cherry para acompañar. Sólo nos queda prepara pan, crudités o la cuchara sopera, ¡delicia suprema!

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Pd. La mejor melitzanosalata la comimos en The Greco’s Project, en la calle Mitropoleos y a pocos pasos de la Plaza Sintagma. Sólo os digo que nos faltó chupar el plato…

*Kalimera: buenos días ;)

¿Me cuentas algo? =)

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