El hornazo de mi bisabuelo

Mi bisabuelo Vicente era panadero y, como casi siempre pasa, las gentes de las que podemos aprender muchas cosas se van antes de que puedan transmitirnos de viva voz sus conocimientos.
Al trabajar con él en la panadería, mis tías y mi abuela sabían de memoria sus elaboraciones, y es que es lo que tiene conocer las masas y trabajarlas a diario, no necesitas cantidades fijas ni -muchas veces- libretilla, al final la experiencia te dicta cuánto de esto o aquello hay que darle a esa masa para crear un buen pan o unas magdalenas divinas; aunque algunas de esas mezclas las fueron apuntando en trozos de papel, algunos de ellos (muy pocos, los de mi abuela cuando los anotó para mi madre) los guardo yo hoy como el tesoro familiar que son.

La receta del hornazo no la tenía hasta hace unos días, mi prima Elena me la pasó y yo ya la tengo guardada a buen recaudo para repetir su elaboración y enseñarla a las futuras generaciones que, como yo, tengan en los genes esta vena de harina y agua, fermentaciones largas y amasados a mano.

Me hubiese encantado conocer a mi bisabuelo Vicente y aprender de él en su panadería, entre artesas, sacos, pesas, leña para el horno y mesas de madera. También hubiese querido que mi abuela me enseñase sus habilidades y sus trucos (dice mi tía Vicenta que amasaba dos panes a la vez), ponernos las dos en la cocina a practicar esta maravillosa herencia familiar… En fin.

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Y, sí, hoy es el día del Hornazo en Puertollano, se ha levantado nublado pero ahora ha salido el sol, así que seguro que muchos nos iremos al campo a merendarnos esta torta dulce con un buen chocolate.

Según Delgado Bedmar, esta tradición local se asociaría al domingo de Quasimodo, celebrado el domingo siguiente a la Pascua de resurreción y que aludía a una renovación del bautismo y del hombre tras la Semana Santa.
En Puertollano se festejaba acudiendo en procesión a una ermita, la de San Andrés, sita en Arroyo de la Higuera, donde los franciscanos se encargaban de mantener esta tradición y de los actos religiosos tras los cuales se consumía el hornazo, “una torta compuesta de harina, aceite, huevo y azúcar, y que va coronada generalmente con uno o varios huevos cocidos y fijados con un lazo de la misma masa, horneándose en su conjunto y bañándose con una mezcla de clara de huevo y azúcar, pudiendo decorarse luego con anises o azúcar glass”*

Hoy en día no tiene estas connotaciones religiosas y, como otras tantas celebraciones, van cayendo en el olvido. Pero aún quedamos irreductibles que nos negamos a perderlas, así que seguimos -año tras año- conmemorando todas estas tradiciones y costumbres que conforman el patrimonio inmaterial de nuestro pueblo.

Para esta tarde ya no os da tiempo, pero os aconsejo que elaboréis esta receta de varios días (aunque también se puede hacer con el método directo, ¡ojo!), con un buen amasado y formado la miga es puro algodón y conserva ese sabor a dulce de siempre, os lo aseguro. Sigue leyendo…

Recetas de vigilia: Torrijas

Acabo hoy domingo la serie de recetas de vigilia (aunque ya no lo sea) y así tenerlas todas bien localizadas para próximos años y próximas búsquedas.
Y no podía acabar la Semana Santa sin una fuente de torrijas en la cocina, esperándonos para pegarles un mordisquito después de comer, con el café de la merienda, para desayunar…

Imagino que este dulce típico está presente en todas las casas para estas fechas, en la mía no ha faltado nunca desde tiempos inmemoriales, si no las hacía mi madre, las hacían mis abuelas, mi tía Vicenta también solía llegar a casa de mi abuela con sus sempiternas torrijas de vino y ya, de más mayores, mi hermana y yo no las perdonamos ningún año =)
Las torrijas que nos gustan en casa son las de leche rebozadas en azúcar y canela, actualmente hay ochocientas mil versiones a cada cual más innovadora y original o, como comentaba, las otras versiones clásicas de vino, miel, nadando en leche… pero, para una vez al año que me como una torrija, yo me quedo con éstas.

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Echad mano a la bolsa del pan, que seguro que tenéis restos de barras duras (aunque yo he tenido que comprar el pan ex profeso, sabéis que adoro el pan, pero también he reducido muy mucho su consumo y primando siempre los panes de calidad, los que encuentro a mano que no llevan una lista de ingredientes más larga que el Quijote o los que hago yo en casa), ésta es una receta muy fácil y totalmente de aprovechamiento, ¿quién no tiene huevos, leche, un bote de canela o una poquita de azúcar en casa? Sigue leyendo…

Recetas de vigilia: Flan de café

El lunes preparamos un bacalao para chupar hasta la fuente de horno, sí, pero nos faltaba un postre con el que rematar una comida de Semana Santa en familia, de ésas que hacemos justo después de llegar de ver procesiones…

No sé por qué, hace unos días y estando en el trabajo, me apeteció flan de café.
Tal cual os cuento, tenía que ser flan pero de café (a mí, que me bebo un café de siglo en siglo)
Nunca he hecho flan y para la ocasión que me ocupaba no quise aventurarme inventando recetas, así que busqué alguna maja en inet y encontré ésta de La cocina de Frabisa (ya he preparado varias de las que nos enseña en su blog y siempre son un éxito), así que hoy, con todo lo que necesitamos sobre la encimera, nos ponemos con esta receta dulce -un capricho muy de vez en cuando… no le hagáis hueco fijo al azúcar en vuestra alimentación diaria, no es necesario, os aseguro que se puede vivir sin comer dulces, vuestra salud os lo agradecerá ;)- Sigue leyendo…

Recetas de vigilia: Bacalao al horno con langostinos

Arranca la Semana Santa y, como cada año, volvemos a desempolvar los clásicos de la gastronomía de vigilia.

En casa nos gusta mantener esta tradición: es tiempo de bacalao cocinado de ciento un maneras, tomate frito con huevo, potaje de garbanzos con pelluelas, huevos rellenos, arroz con leche, torrijas, natillas o flanes -en otros momentos incluso también lo fue de bartulillos, flores de Calatrava y rosquillos fritos, ¡qué delicia!-

Y es que, al final, todo este patrimonio gastronómico forma parte de la historia de nuestra familia, nuestro pueblo, nuestra tierra… historia forjada por madres, hijas, abuelas y bisabuelas, alquimistas caseras que guardaron para nosotros sus pequeños secretos culinarios y recetas creadas en cocinas de fogón de hierro, entre botes de especias, ramas de laurel, cacerolas esmaltadas, pucheros de barro y cucharones de madera.

En estos tiempos de prisas, cosas que (dicen que) se comen y vienen dentro de bolsas de plástico de colorines y alimentos reales casi olvidados, expongo aquí -una vez más- mi alegato en favor de la vuelta a la cocina y la comida, a sacar el recetario de la estantería, clickar en alguno de los cien millones de blogs que hay en la red, arremangarse y dedicarse un ratito de amor: amor a la cocina, amor a los alimentos y amor a la propia salud, ¿quién mejor que uno mismo para cuidarse por medio de la alimentación? ;)

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Volviendo a la receta, hoy utilizamos el ingrediente clásico entre los clásicos de Semana Santa: el bacalao, en este caso fresco, aunque en mi tierra el bacalao se ha comprado siempre en salazón (es lo que tiene vivir lejos de la costa), desalándolo posteriormente con su ritual de cambios de agua y cocinando con él infinidad de recetas típicas de estas fechas.

Y es que mí el bacalao en salazón no me hace mucho y como la que cocina soy yo, poco más hay que decir ;) Sigue leyendo…