Recetas navideñas: Pimientos del piquillo rellenos

Un año más, veía cómo -por falta de tiempo debido al trabajo- me pillaban las Navidades sin meterme en la cocina a preparar recetas y disfrutar entre cacharros… ¡y eso no podía ser!

Así que hoy, aún con un resfriado incipiente y un cansancio acumulado bastante importante, me he propuesto adentrarme en la semana de Nochebuena subsanando esta situación:
* prefermento del Panettone esperándome en la encimera de la cocina
* pulpo recién cocido en la olla lenta
* todo lo necesario para hornear galletas y Roscón de Reyes
* un pan 100% centeno (y alcaravea) enfriándose
* una masa retardada de pan con aceitunas en la nevera

Me ha venido tan bien dedicar la tarde a estas faenas…
Y es que me hace muy feliz cocinar (Sí, feliz. Qué rara soy, ¿no?)
Por lo que intentaré seguir sacando hueco en estos días para hacer fotos y publicar alguna receta, no vaya a ser que alguien se deje caer por el blog buscando inspiración e ideas y no se encuentre novedades desde hace un par de meses…

Arranco con una receta que preparé hace tiempo (al poco de llegar de nuestra ruta de vacaciones por Navarra) pero que puede ser un entrante perfecto para estas fiestas, además es muy rápida, sencilla y está deliciosa.
Intentad elegir -siempre en la medida de vuestras posibilidades- unos buenos ingredientes: pimientos del piquillo navarros, lomos de bonito del Cantábrico, ajo morado de las Pedroñeras… y tendréis el éxito asegurado ;)
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Recetas griegas: Melitzanosalata

¡Καλημέρα*, amantes del buen comer y el cocinar! =)

Como buena manchega (del sur) que soy, desaparezco y vuelvo a aparecer como los Ojos del Guadiana…

De nuevo por aquí, no sé si para mucho o para poco, vengo con un pequeño ramillete de recetas y posts pensados para las próximas semanas, así que aprovecho el tironcillo y me lío con la faena sin pensar (ya que lo único que sí tengo seguro es que el blog se queda perenne para que podáis seguir buscando y preparando las recetas que he ido publicando).

Yo aún sigo cocinando “bonito” muy de vez en cuando, aunque a día de hoy (y por suerte) no dispongo de tanto tiempo como para dedicarme a emplatar, hacer fotos, editarlas, escribir recetas y publicarlas, aunque algunos aún se piensen que las gentes que se/nos dedican/dedicamos a llevar un blog sólo tenemos que sentarnos delante del pc a escribir cualquier cosa en cinco minutos y listo, ya que los post -con todo su aderezo- nos salen como churros y así podemos publicar hasta cuatrocientas veces al mes… pero no: llevar un blog de cocina está muy bien, es muy chulo, muy gratificante cuando hay feedback con tus lectores, pero también quita tiempo, no siempre te apetece publicar y muchas veces -después de pasarte toda la mañana con la fabada en el fuego- no tienes ninguna intención de sacar los apechusques cacharreros, cuberteros y textiles, buscar la ventana por la que entra mejor luz, preparar la cámara, el trípode y la banqueta, y decirle a tu familia que se espere 20 minutos a que acabes la sesión mientras las fabes se quedan más frías que la calle. Sigue leyendo…