Recetas griegas: Spanakopita

Αττικά Αρτοποιεία, así se llama la panadería/pastelería que hay en la esquina de la Plaza Omonia con la calle Agiou Konstantinou (también hay otra súper céntrica en la calle Ermou, justo enfrente de la iglesia bizantina de Kapnikarea). Seguramente en esta cadena no hagan las mejores spanakopitas, tiropitas o koulouri de Atenas, pero a mí todo lo que probé me supo a gloria, además van muy bien de precio y nos ofreció esa opción de comprar algo para llevar y tomar rápido mientras paseábamos por Atenas con un agujero de hambre en el estómago, un síndrome de Stendhal de la leche y de camino a la Acrópolis, el Cerámico, el Filopappos, el Licabeto…

He de decir que entre estas dos empanadas de las que os hablo (spanakopita: empanada de pasta filo rellena de espinacas y feta / tiropita: empanada de pasta filo rellena de queso y huevo), mi preferida es la tiropita, ya que soy ultrafan del queso de cualquier tipo, leche, procedencia, curación y variante -¡encima ahora trabajo con ellos!- (poco más he de decir), pero teniendo por casa espinacas suficientes, me decidí a preparar esta receta que hoy os traigo para seguir con la temática helena. Sigue leyendo…

Recetas griegas: Melitzanosalata

¡Καλημέρα*, amantes del buen comer y el cocinar! =)

Como buena manchega (del sur) que soy, desaparezco y vuelvo a aparecer como los Ojos del Guadiana…

De nuevo por aquí, no sé si para mucho o para poco, vengo con un pequeño ramillete de recetas y posts pensados para las próximas semanas, así que aprovecho el tironcillo y me lío con la faena sin pensar (ya que lo único que sí tengo seguro es que el blog se queda perenne para que podáis seguir buscando y preparando las recetas que he ido publicando).

Yo aún sigo cocinando “bonito” muy de vez en cuando, aunque a día de hoy (y por suerte) no dispongo de tanto tiempo como para dedicarme a emplatar, hacer fotos, editarlas, escribir recetas y publicarlas, aunque algunos aún se piensen que las gentes que se/nos dedican/dedicamos a llevar un blog sólo tenemos que sentarnos delante del pc a escribir cualquier cosa en cinco minutos y listo, ya que los post -con todo su aderezo- nos salen como churros y así podemos publicar hasta cuatrocientas veces al mes… pero no: llevar un blog de cocina está muy bien, es muy chulo, muy gratificante cuando hay feedback con tus lectores, pero también quita tiempo, no siempre te apetece publicar y muchas veces -después de pasarte toda la mañana con la fabada en el fuego- no tienes ninguna intención de sacar los apechusques cacharreros, cuberteros y textiles, buscar la ventana por la que entra mejor luz, preparar la cámara, el trípode y la banqueta, y decirle a tu familia que se espere 20 minutos a que acabes la sesión mientras las fabes se quedan más frías que la calle. Sigue leyendo…