Manzanas asadas especiadas

Me encantan las manzanas, cuanto más ácidas mejor, y me encanta comerlas a bocados con la piel. He pasado largas temporadas sin probarlas, las manzanas son unas de las frutas con más pesticidas y las que encontraba en mi ciudad (salvo la variedad granny smith) me resultaban sosísimas y bastante reguleras.
Hace tiempo, en un par de supermercados cercanos, localicé manzanas ecológicas de la variedad golden y estas rojas de la receta de hoy que tampoco son demasiado dulces, ambas variedades siempre bien prietas y sabrosas, así que desde entonces no faltan en casa =)

Tenía ganas de preparar manzanas asadas, adoro el sabor y el aroma especiado que desprenden, recuerdo a mi madre preparándolas siempre que horneaba algo para aprovechar el calor residual y recuerdo cuando las cocía en el horno de leña de la panadería de mi calle, la de Pilar, con su mesa de madera, sus estanterías cargadas de barras y hogazas y el corralón plagado de montones de leña… ¡aquellas manzanas sabían a gloria!

En la receta de hoy no utilizo ningún edulcorante, he reducido mi consumo de azúcar a lo mínimo: eventos, recetas especiales y momentos muy puntuales, pero es que, además, yo soy más de salado que de dulce y para mí, estas manzanas así están perfectas ;) Sigue leyendo…

El hornazo de mi bisabuelo

Mi bisabuelo Vicente era panadero y, como casi siempre pasa, las gentes de las que podemos aprender muchas cosas se van antes de que puedan transmitirnos de viva voz sus conocimientos.
Al trabajar con él en la panadería, mis tías y mi abuela sabían de memoria sus elaboraciones, y es que es lo que tiene conocer las masas y trabajarlas a diario, no necesitas cantidades fijas ni -muchas veces- libretilla, al final la experiencia te dicta cuánto de esto o aquello hay que darle a esa masa para crear un buen pan o unas magdalenas divinas; aunque algunas de esas mezclas las fueron apuntando en trozos de papel, algunos de ellos (muy pocos, los de mi abuela cuando los anotó para mi madre) los guardo yo hoy como el tesoro familiar que son.

La receta del hornazo no la tenía hasta hace unos días, mi prima Elena me la pasó y yo ya la tengo guardada a buen recaudo para repetir su elaboración y enseñarla a las futuras generaciones que, como yo, tengan en los genes esta vena de harina y agua, fermentaciones largas y amasados a mano.

Me hubiese encantado conocer a mi bisabuelo Vicente y aprender de él en su panadería, entre artesas, sacos, pesas, leña para el horno y mesas de madera. También hubiese querido que mi abuela me enseñase sus habilidades y sus trucos (dice mi tía Vicenta que amasaba dos panes a la vez), ponernos las dos en la cocina a practicar esta maravillosa herencia familiar… En fin.

Hornazo1

Y, sí, hoy es el día del Hornazo en Puertollano, se ha levantado nublado pero ahora ha salido el sol, así que seguro que muchos nos iremos al campo a merendarnos esta torta dulce con un buen chocolate.

Según Delgado Bedmar, esta tradición local se asociaría al domingo de Quasimodo, celebrado el domingo siguiente a la Pascua de resurreción y que aludía a una renovación del bautismo y del hombre tras la Semana Santa.
En Puertollano se festejaba acudiendo en procesión a una ermita, la de San Andrés, sita en Arroyo de la Higuera, donde los franciscanos se encargaban de mantener esta tradición y de los actos religiosos tras los cuales se consumía el hornazo, “una torta compuesta de harina, aceite, huevo y azúcar, y que va coronada generalmente con uno o varios huevos cocidos y fijados con un lazo de la misma masa, horneándose en su conjunto y bañándose con una mezcla de clara de huevo y azúcar, pudiendo decorarse luego con anises o azúcar glass”*

Hoy en día no tiene estas connotaciones religiosas y, como otras tantas celebraciones, van cayendo en el olvido. Pero aún quedamos irreductibles que nos negamos a perderlas, así que seguimos -año tras año- conmemorando todas estas tradiciones y costumbres que conforman el patrimonio inmaterial de nuestro pueblo.

Para esta tarde ya no os da tiempo, pero os aconsejo que elaboréis esta receta de varios días (aunque también se puede hacer con el método directo, ¡ojo!), con un buen amasado y formado la miga es puro algodón y conserva ese sabor a dulce de siempre, os lo aseguro. Sigue leyendo…

Recetas de vigilia: Torrijas

Acabo hoy domingo la serie de recetas de vigilia (aunque ya no lo sea) y así tenerlas todas bien localizadas para próximos años y próximas búsquedas.
Y no podía acabar la Semana Santa sin una fuente de torrijas en la cocina, esperándonos para pegarles un mordisquito después de comer, con el café de la merienda, para desayunar…

Imagino que este dulce típico está presente en todas las casas para estas fechas, en la mía no ha faltado nunca desde tiempos inmemoriales, si no las hacía mi madre, las hacían mis abuelas, mi tía Vicenta también solía llegar a casa de mi abuela con sus sempiternas torrijas de vino y ya, de más mayores, mi hermana y yo no las perdonamos ningún año =)
Las torrijas que nos gustan en casa son las de leche rebozadas en azúcar y canela, actualmente hay ochocientas mil versiones a cada cual más innovadora y original o, como comentaba, las otras versiones clásicas de vino, miel, nadando en leche… pero, para una vez al año que me como una torrija, yo me quedo con éstas.

Torrijas2

Echad mano a la bolsa del pan, que seguro que tenéis restos de barras duras (aunque yo he tenido que comprar el pan ex profeso, sabéis que adoro el pan, pero también he reducido muy mucho su consumo y primando siempre los panes de calidad, los que encuentro a mano que no llevan una lista de ingredientes más larga que el Quijote o los que hago yo en casa), ésta es una receta muy fácil y totalmente de aprovechamiento, ¿quién no tiene huevos, leche, un bote de canela o una poquita de azúcar en casa? Sigue leyendo…

Recetas navideñas (para después de Navidad): Roscón de Reyes

Sí, no os equivocáis al leer el título del post =D
Puesto que finalmente me ha sido imposible redactar las recetas que tenía previstas durante las fiestas navideñas, he decidido que voy a aprovechar para hacerlo ahora, con la calma que da el no tener que empalmar semanas trabajando domingos y festivos y el haber vuelto a la (relativa) normalidad laboral…

Finalmente estas navidades sí que he cocinado, pese al agotamiento, las contracturas, el sueño o las prisas. He conseguido ir arañando horas y minutos al día para relajarme en mi cocina elaborando platos que luego hemos disfrutado en comidas y cenas familiares. No he tenido tiempo para idear muchas recetas, eso sí, así que he tirado de publicaciones de éxito de los “masters & commanders” del mundo bloguero-cocinero para asegurarme que lo que estaba preparando salía bien sí o sí.

Y así ha sido con el roscón que hoy dejo por aquí.
Corrí rauda al libro ‘Pan casero’ de mi muy idolatrado Ibán Yarza, me estudié la receta, preparé todo lo necesario, pero antes de darle al amasado se me ocurrió ojear el blog del Invitado de invierno y, al ver que tuneaba el roscón de Ibán y le metía Tang Zhong, no pude más que sucumbir y acabar preparando esta maravilla rosconera que hoy, día 8 de enero (y aún estando horneado desde el día 5) sigue tierno, jugoso y con una miga que dan ganas de llorar de felicidad :’)
Os lo aseguro, el mejor roscón que he hecho hasta ahora y no sólo lo digo yo, lo certifican los otros 8 comensales que lo probaron el día de Reyes y que me pidieron la receta para intentar reproducirlo en sus respectivas casas.

Ahora vamos al lío y os voy contando mis andanzas, aunque ya os digo que la artífice es Miriam y en su blog encontraréis la respuesta a todas vuestras dudas. Sigue leyendo…

Palmeras de chocolate en Madrid (I)

¿A quién no le gustan las palmeras de hojaldre? Y más si son de chocolate… ¡Yumm!

Creo que las palmeras de chocolate han sido siempre de mis dulces favoritos junto con los croissants, los rosquillos fritos, las flores de Calatrava, cualquier masa dulce fermentada y… ¡buf! creo que, salvo las cosas con cabello de ángel, yema de huevo y pasteles de corte viejuno (de esos de bizcocho borracho, mucho coco, colores amarillos yemosos y guindas de colores) me gustan casi todos los dulces -y eso que soy más de salado-.

Hace tiempo descubrí el post que publicaron en Foodstorming sobre las palmeras de chocolate madrileñas y decidí que tenía que probarlas todas (y alguna más que encuentre por el camino, claro) para encontrar yo también mi favorita. Así que cada vez que voy por Madrid, intento acercarme por alguna de las pastelerías que recomiendan y me hago con un par de ejemplares para hacer la cata en compañía.

Lo malo es que mis escapadas a Madrid no son tan asiduas como a mí me gustaría, por lo que me va a costar bastante tiempo probar todas estas delicias y decantarme por una clara vencedora… Sigue leyendo…