Bollitos de trigo y centeno con semillas #WorldBreadDay2017

16 de octubre, marcado en mi calendario desde hace unos años, justo desde que descubrí que es la fecha en la que celebramos el Día Mundial del Pan.

World Bread Day, October 16, 2017

Ya os he contado muchas veces que vengo de familia de panaderos -aunque cuando yo nací ya faltaban algunos y el resto no hacían pan de manera profesional- pero debieron transmitirme esos genes de harina, agua, levadura madre y sal, hornos de leña y artesas llenas de masa, ya que el pan para mí es un alimento muy evocador, me hace rememorar recuerdos de mi infancia e incluso inventar historias o imaginar situaciones en torno a él.

Y en mi amor por el pan también influye muchísimo la panadería de Pilar, está claro.
Mi calle olía a pan desde bien temprano, tengo el recuerdo vívido de aquella panadería a la entrabas por un portón verde de madera tras subir un escalón: a la derecha estaba el despacho, con su mostrador antiguo de madera y estanterías detrás llenas de roscas, trenzas, barras, morenos, candeales… y a la izquierda la oficina con un póster precioso con muchos tipos de pan. Entre ambas puertas estaba el pasillo que dirigía a la sala gigantesca que albergaba la panadería en sí: aquel horno de leña, las artesas, palas enormes, mesas largas, sacos de harina “La Purísima” de Almodóvar del Campo, la báscula con sus pesitas con las que jugábamos mi hermana y yo… Comprar el pan con mi abuelo materno que nos llevaba de la mano, o aquellos sábados con mi madre, mis tías, algunas veces mis abuelas y varias vecinas, aprovechando el calor después de la hornada diaria para cocer magdalenas o preparar asados de carne y verduras, mientras mi hermana y yo disfrutábamos entre aquellas mujeres que conversaban, reían y vigilaban sus viandas, corriendo y asomándonos al corralón donde se apilaba la leña para buscar a los gatos, haciendo montoncitos con la harina, intentando probar los dulces recién cocidos o repizcando el pan que nos llevaríamos luego a casa ya que se acercaba peligrosamente la hora de comer.

Entonces, ¿cómo no amar el pan? ¡si forma parte de mi vida!

Y, volviendo al evento de hoy, este año lo festejo con un horno nuevo en el que ya he cocido unos cuantos panes que cada vez salen más bonitos y mejores (y es que -aunque hago muy poco pan- por fin he ido depurando poquito a poco mi técnica de amasado y formado) y una receta deliciosa: no dudéis ni un momento en preparar estos bollitos de corteza crujiente, miga blandita y húmeda, y súper aromáticos gracias a las harinas de trigo y centeno y las semillas ligeramente tostadas, son pura delicia. Sigue leyendo…

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El hornazo de mi bisabuelo

Mi bisabuelo Vicente era panadero y, como casi siempre pasa, las gentes de las que podemos aprender muchas cosas se van antes de que puedan transmitirnos de viva voz sus conocimientos.
Al trabajar con él en la panadería, mis tías y mi abuela sabían de memoria sus elaboraciones, y es que es lo que tiene conocer las masas y trabajarlas a diario, no necesitas cantidades fijas ni -muchas veces- libretilla, al final la experiencia te dicta cuánto de esto o aquello hay que darle a esa masa para crear un buen pan o unas magdalenas divinas; aunque algunas de esas mezclas las fueron apuntando en trozos de papel, algunos de ellos (muy pocos, los de mi abuela cuando los anotó para mi madre) los guardo yo hoy como el tesoro familiar que son.

La receta del hornazo no la tenía hasta hace unos días, mi prima Elena me la pasó y yo ya la tengo guardada a buen recaudo para repetir su elaboración y enseñarla a las futuras generaciones que, como yo, tengan en los genes esta vena de harina y agua, fermentaciones largas y amasados a mano.

Me hubiese encantado conocer a mi bisabuelo Vicente y aprender de él en su panadería, entre artesas, sacos, pesas, leña para el horno y mesas de madera. También hubiese querido que mi abuela me enseñase sus habilidades y sus trucos (dice mi tía Vicenta que amasaba dos panes a la vez), ponernos las dos en la cocina a practicar esta maravillosa herencia familiar… En fin.

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Y, sí, hoy es el día del Hornazo en Puertollano, se ha levantado nublado pero ahora ha salido el sol, así que seguro que muchos nos iremos al campo a merendarnos esta torta dulce con un buen chocolate.

Según Delgado Bedmar, esta tradición local se asociaría al domingo de Quasimodo, celebrado el domingo siguiente a la Pascua de resurreción y que aludía a una renovación del bautismo y del hombre tras la Semana Santa.
En Puertollano se festejaba acudiendo en procesión a una ermita, la de San Andrés, sita en Arroyo de la Higuera, donde los franciscanos se encargaban de mantener esta tradición y de los actos religiosos tras los cuales se consumía el hornazo, “una torta compuesta de harina, aceite, huevo y azúcar, y que va coronada generalmente con uno o varios huevos cocidos y fijados con un lazo de la misma masa, horneándose en su conjunto y bañándose con una mezcla de clara de huevo y azúcar, pudiendo decorarse luego con anises o azúcar glass”*

Hoy en día no tiene estas connotaciones religiosas y, como otras tantas celebraciones, van cayendo en el olvido. Pero aún quedamos irreductibles que nos negamos a perderlas, así que seguimos -año tras año- conmemorando todas estas tradiciones y costumbres que conforman el patrimonio inmaterial de nuestro pueblo.

Para esta tarde ya no os da tiempo, pero os aconsejo que elaboréis esta receta de varios días (aunque también se puede hacer con el método directo, ¡ojo!), con un buen amasado y formado la miga es puro algodón y conserva ese sabor a dulce de siempre, os lo aseguro. Sigue leyendo…

Día del Chorizo: Torta de aceite con chistorra

Ni los historiadores de nuestra localidad se ponen de acuerdo…
Que si celebramos el Día del Chorizo porque por hoy, 23 de enero, se conmemoraba la onomástica de San Ildefonso, prelado de la archidiócesis de Toledo a la que pertenecía Puertollano hasta la creación de la de Ciudad Real.
Que si, por el contrario, se trataba de un “acto de afirmación religiosa” y, tras la matanza del cerdo y con las viandas listas, se echaban los paisanos a las calles a degustarlas y dejar constancia de su pertenencia a la religión católica.
Y también cabe otra explicación a esta tradición tan puertollanera: reinando Alfonso XII, sus tropas pararon por el pueblo y, ya que era el santo del monarca, los vecinos agasajaron a los militares con los chorizos recién preparados tras la cercana matanza*

El caso es que, junto con el Voto y el Hornazo, el Chorizo es una de nuestras festividades más representativas relacionadas con el buen comer, aunque, como suele ocurrir con otras tantas tradiciones, el tiempo pasa y las gentes las van dejando caer en el olvido…

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¡Pero no podemos dejar que eso pase!
De ahí que, un año más -y recogiendo el testigo que nos lanzó Pinchos y Canapés a los blogueros cocinillas de Puertollano- dejo por aquí una receta para disfrutar y festejar, para prepararla en una mañana y echarse al campo por la tarde, a comerse el chorizo en los Pinos, la Chimenea Cuadrá, el Minero, los Patos, las Pocitas, el Pozo Norte… o cualquier sitio de este pueblo con árboles, donde pisemos tierra y piedras y podamos echarnos una carrera con los nenes, para que no se pierda nuestra historia y sigan siendo el garante de nuestro folclore local. Sigue leyendo…

Hogazón de aceitunas kalamata, aceitunas verdes y albahaca fresca #worldbreadday2016

¡Pan, por fin, pan!
Me apetecía tanto hacer pan… pero siempre lo postergaba por falta de tiempo, de ganas y por los últimos fracasos panarras en el mini horno, hasta que el otro día leí en algún sitio que hoy, día 16 de octubre, es el Día Mundial del Pan.
Recordé entonces mis dos participaciones en este evento hace años, con otro mini horno al que le tenía cogido el punto y con el que los panes me salían medio regular, así que me he liado la manta a la cabeza y he sacado las harinas, la levadura (no me daba tiempo a activar la masa madre que duerme plácidamente en la nevera), las rasquetas, los banetones y una receta base sencillísima que ya utilicé en mi primer World Bread Day pero con ingredientes nuevos para aderezar el pan: aceitunas kalamata, verdes ecológicas y unas ramitas de albahaca fresca.

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Por aquí os dejo mi aportación, no es el mejor que hago (sigo siendo bastante mala en estas lides) pero estoy contenta porque he ido controlando las resistencias del horno y la temperatura para conseguir que crezca, se medio abra la greña y no se me hunda como en anteriores ocasiones.

Una vez más, os animo a hacer pan en casa, a llenar la cocina de harina, a aprender a amasar, a observar cómo crece la masa mientras leva, cómo huele cuando se hornea, cómo cruje cuando lo abres, cómo sabe un pan hecho con ganas y cariño…
¡Feliz Día Mundial del Pan! ¡Happy World Bread Day! =) Sigue leyendo…