Estofado de pavo y setas

Al leerla, esta receta os sonará a otoño total, sentiréis incluso el aroma, con las setas, champiñones, el tomillo…
Pero no, estamos en plena primavera y algunos días pasados incluso rozando temperaturas veraniegas, quizá para muchos ya es tiempo de echar mano de elaboraciones más rápidas y frescas, nosotros en casa no nos resistimos a comer calentito, rico y darle a la cuchara, es algo que nos encanta.

Y como había comprado un par de solomillos de pavo y no me apetecía plancha, eché un ojo a la nevera, fui sacando cosas y se me ocurrió este plato sabroso,
¿os animáis con él? Sigue Leyendo…

El hornazo de mi bisabuelo

Mi bisabuelo Vicente era panadero y, como casi siempre pasa, las gentes de las que podemos aprender muchas cosas se van antes de que puedan transmitirnos de viva voz sus conocimientos.
Al trabajar con él en la panadería, mis tías y mi abuela sabían de memoria sus elaboraciones, y es que es lo que tiene conocer las masas y trabajarlas a diario, no necesitas cantidades fijas ni -muchas veces- libretilla, al final la experiencia te dicta cuánto de esto o aquello hay que darle a esa masa para crear un buen pan o unas magdalenas divinas; aunque algunas de esas mezclas las fueron apuntando en trozos de papel, algunos de ellos (muy pocos, los de mi abuela cuando los anotó para mi madre) los guardo yo hoy como el tesoro familiar que son.

La receta del hornazo no la tenía hasta hace unos días, mi prima Elena me la pasó y yo ya la tengo guardada a buen recaudo para repetir su elaboración y enseñarla a las futuras generaciones que, como yo, tengan en los genes esta vena de harina y agua, fermentaciones largas y amasados a mano.

Me hubiese encantado conocer a mi bisabuelo Vicente y aprender de él en su panadería, entre artesas, sacos, pesas, leña para el horno y mesas de madera. También hubiese querido que mi abuela me enseñase sus habilidades y sus trucos (dice mi tía Vicenta que amasaba dos panes a la vez), ponernos las dos en la cocina a practicar esta maravillosa herencia familiar… En fin.

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Y, sí, hoy es el día del Hornazo en Puertollano, se ha levantado nublado pero ahora ha salido el sol, así que seguro que muchos nos iremos al campo a merendarnos esta torta dulce con un buen chocolate.

Según Delgado Bedmar, esta tradición local se asociaría al domingo de Quasimodo, celebrado el domingo siguiente a la Pascua de resurreción y que aludía a una renovación del bautismo y del hombre tras la Semana Santa.
En Puertollano se festejaba acudiendo en procesión a una ermita, la de San Andrés, sita en Arroyo de la Higuera, donde los franciscanos se encargaban de mantener esta tradición y de los actos religiosos tras los cuales se consumía el hornazo, “una torta compuesta de harina, aceite, huevo y azúcar, y que va coronada generalmente con uno o varios huevos cocidos y fijados con un lazo de la misma masa, horneándose en su conjunto y bañándose con una mezcla de clara de huevo y azúcar, pudiendo decorarse luego con anises o azúcar glass”*

Hoy en día no tiene estas connotaciones religiosas y, como otras tantas celebraciones, van cayendo en el olvido. Pero aún quedamos irreductibles que nos negamos a perderlas, así que seguimos -año tras año- conmemorando todas estas tradiciones y costumbres que conforman el patrimonio inmaterial de nuestro pueblo.

Para esta tarde ya no os da tiempo, pero os aconsejo que elaboréis esta receta de varios días (aunque también se puede hacer con el método directo, ¡ojo!), con un buen amasado y formado la miga es puro algodón y conserva ese sabor a dulce de siempre, os lo aseguro. Sigue leyendo…

Recetas de vigilia: Bacalao al horno con langostinos

Arranca la Semana Santa y, como cada año, volvemos a desempolvar los clásicos de la gastronomía de vigilia.

En casa nos gusta mantener esta tradición: es tiempo de bacalao cocinado de ciento un maneras, tomate frito con huevo, potaje de garbanzos con pelluelas, huevos rellenos, arroz con leche, torrijas, natillas o flanes -en otros momentos incluso también lo fue de bartulillos, flores de Calatrava y rosquillos fritos, ¡qué delicia!-

Y es que, al final, todo este patrimonio gastronómico forma parte de la historia de nuestra familia, nuestro pueblo, nuestra tierra… historia forjada por madres, hijas, abuelas y bisabuelas, alquimistas caseras que guardaron para nosotros sus pequeños secretos culinarios y recetas creadas en cocinas de fogón de hierro, entre botes de especias, ramas de laurel, cacerolas esmaltadas, pucheros de barro y cucharones de madera.

En estos tiempos de prisas, cosas que (dicen que) se comen y vienen dentro de bolsas de plástico de colorines y alimentos reales casi olvidados, expongo aquí -una vez más- mi alegato en favor de la vuelta a la cocina y la comida, a sacar el recetario de la estantería, clickar en alguno de los cien millones de blogs que hay en la red, arremangarse y dedicarse un ratito de amor: amor a la cocina, amor a los alimentos y amor a la propia salud, ¿quién mejor que uno mismo para cuidarse por medio de la alimentación? ;)

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Volviendo a la receta, hoy utilizamos el ingrediente clásico entre los clásicos de Semana Santa: el bacalao, en este caso fresco, aunque en mi tierra el bacalao se ha comprado siempre en salazón (es lo que tiene vivir lejos de la costa), desalándolo posteriormente con su ritual de cambios de agua y cocinando con él infinidad de recetas típicas de estas fechas.

Y es que mí el bacalao en salazón no me hace mucho y como la que cocina soy yo, poco más hay que decir ;) Sigue leyendo…

Guiso de garbanzos con langostinos

Con el frío y la lluvia de estos días, he llegado a casa del trabajo helada y con muchísimas ganas de comer platos calientes de cuchara, con su caldo rico, sus legumbres… de entre todas, mi favoritos son los garbanzos y pensé en hacerlos con calamares o sepia -otra receta que me encanta-, pero tenía langostinos en casa, así que no encontré excusa posible para no prepararlos.

Como siempre os digo, sacad ratos para cocinar.
Solemos llegar súper cansados del trabajo y las mil y una faenas que nos vamos marcando, muchas veces sólo apetece abrir la nevera y comerse medio bote de aceitunas, unas lonchas de jamón, un par de rebanadas de pan y un yogur por no perder tiempo y no ensuciar de más, pero eso podemos hacerlo un día de prisa extrema, el resto hemos de comer como lo hacíamos de pequeños: comida real, cocinada en casa, con alimentos reales e intentando saborearla y disfrutarla con calma.
Yo suelo dedicar el domingo o varias tardes a la semana para preparar las comidas de la semana, os aseguro que con un poquito de organización es suficiente ;)

Y volviendo a la receta: con casi todos estos guisos y potajes lo suyo es hacer cantidad de más y que nos sobre de un día para otro, ¡que está más rico aún! Seguir leyendo…

Berenjenas rellenas “a la griega”

Hace unos días preparé esta receta con la intención de participar en un concurso,
pero quedó tan rica y es tan sencilla que me pareció mejor publicarla aquí para que quedase perenne y por si alguien se anima a probar ;)

Y es que, además, hace casi un año que estuvimos en Atenas, tenía berenjenas recién compradas y una cuña de feta D.O. curado 6 meses en barrica que estaba deseando cortar,
de ahí el apodo de “a la griega”.
Para mí fue el momento perfecto para echar un buen rato entre fogones, recordando los paseos por Plaka y Monastiraki, el bullicio del mercado ateniense, las tiendas de alimentación de las callecitas cercanas, las vistas desde la Acrópolis y el Licabeto, los restaurantes donde disfrutamos de la gastronomía griega…
En fin, nos quedó tanto por ver, comer y pasear, ¡habrá que volver!

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Como veréis, aunque en casi todas las recetas de berenjenas rellenas nos indican que hay que asarlas para después sacarles la pulpa, en mi caso lo que suelo hacer es cortarlas a lo largo por la mitad y escaldarlas en agua con sal, así toda la berenjena queda súper tierna y se come enterita (bien lavada siempre, eso sí).

Elegid siempre unos buenos ingredientes y dedicad un ratito a cocinar,
¡estas berenjenas merecen mucho la pena! Sigue leyendo…

Día del Chorizo: Torta de aceite con chistorra

Ni los historiadores de nuestra localidad se ponen de acuerdo…
Que si celebramos el Día del Chorizo porque por hoy, 23 de enero, se conmemoraba la onomástica de San Ildefonso, prelado de la archidiócesis de Toledo a la que pertenecía Puertollano hasta la creación de la de Ciudad Real.
Que si, por el contrario, se trataba de un “acto de afirmación religiosa” y, tras la matanza del cerdo y con las viandas listas, se echaban los paisanos a las calles a degustarlas y dejar constancia de su pertenencia a la religión católica.
Y también cabe otra explicación a esta tradición tan puertollanera: reinando Alfonso XII, sus tropas pararon por el pueblo y, ya que era el santo del monarca, los vecinos agasajaron a los militares con los chorizos recién preparados tras la cercana matanza*

El caso es que, junto con el Voto y el Hornazo, el Chorizo es una de nuestras festividades más representativas relacionadas con el buen comer, aunque, como suele ocurrir con otras tantas tradiciones, el tiempo pasa y las gentes las van dejando caer en el olvido…

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¡Pero no podemos dejar que eso pase!
De ahí que, un año más -y recogiendo el testigo que nos lanzó Pinchos y Canapés a los blogueros cocinillas de Puertollano- dejo por aquí una receta para disfrutar y festejar, para prepararla en una mañana y echarse al campo por la tarde, a comerse el chorizo en los Pinos, la Chimenea Cuadrá, el Minero, los Patos, las Pocitas, el Pozo Norte… o cualquier sitio de este pueblo con árboles, donde pisemos tierra y piedras y podamos echarnos una carrera con los nenes, para que no se pierda nuestra historia y sigan siendo el garante de nuestro folclore local. Sigue leyendo…